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Crecer con ética y responsabilidad

¿Qué se obtiene si se combina desigualdad y aumento de la temperatura global? Una catástrofe. Así lo advierte el reciente estudio Valorar las consecuencias del cambio climático en la mortalidad global y tener en cuenta los costes y beneficios de la adaptación, elaborado por un grupo de investigadores Buró Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

Sin acceso a las tecnologías para la adaptación al clima local, en donde el aire acondicionado y la refrigeración están en primerísimo lugar, una larga franja de África sufrirá consecuencias devastadoras, pero también zonas importantes del norte del ecuador. En 2019, 1 mil 500 personas murieron en Francia por una onda de calor sin precedentes.

El reto es enorme. El cambio climático se ceba sobre los más pobres, quienes, además, poco tienen que ver con éste. Tan sólo para paliar el hambre en el mundo se deben destinar 267 mil millones de dólares al año, es decir, un 0.3 por ciento del PIB de todo el orbe, más para hacer frente a la adaptación al cambio climático, la cifra es aún mayor.

En un planeta con aumento de temperatura sostenido, los sistemas de climatización reducirían muertes asociadas al calor, como ataques cardíacos. Ya no sólo es el golpe de calor en sí, sino también las enfermedades preexistentes, un problema que hemos visto ha sido determinante para la enfermedad agravada por la covid-19. Sin embargo, la solución aumentaría la demanda de equipos HVAC y éstos a su vez aumentarían el consumo, habría más emisiones y el círculo se volvería caótico. De acuerdo con la Universidad de Birmingham, en 2018 había un estimado de 3 mil 600 millones de sistemas de frío. La misma institución sugiere que para proporcionar enfriamiento a todos los que lo necesitan, y no sólo para aquellos que pueden pagarlo, debería haber 14 mil millones de dispositivos de enfriamiento para 2050, aproximadamente.

Claro, para entonces, la tecnología habrá mejorado casi a la perfección. Su producción mundial tendrá los mejores estándares; los equipos serán tan eficientes como no se conocen hoy, y todas las enmiendas y acuerdos para reducir las sustancias nocivas que se usan se habrán cumplido a cabalidad. ¿O no?

El estudio de la NBER dice que mejorar la eficiencia de los equipos HVAC tiene el potencial de duplicar los beneficios climáticos de la Enmienda de Kigali, como evitar el equivalente a 260 mil millones de toneladas de dióxido de carbono para 2050. Un ahorro, señala, de casi 3 billones de dólares en energía, costos de generación y transmisión, además de reducir las facturas eléctricas de los usuarios. Pero no sólo eso: se protege la salud pública y la productividad agrícola al reducir la contaminación del aire.

Diversos organismos internacionales han advertido la necesidad de acelerar la conversión tecnológica y buscar soluciones integrales. Por ejemplo, la Corporación Financiera Internacional, hermana del Banco Mundial, ofrece financiamientos y acceso al mercado para que las empresas desarrollen soluciones de enfriamiento amigables con el medioambiente. Se trata de un programa ambicioso y que en otro momento y en otra modalidad ha tenido resultados exitosos.

Si se incrementará el número de equipos HVAC en forma tan estrambótica, lo menos que se puede hacer es atender lo que el planeta y la humanidad reclaman con urgencia.

Antonio Nieto
Director Editorial de Grupo Editorial Puntual Media.

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