Columna

Nuestro derecho al aire limpio

Las personas son lo que respiran. Inhalar, procesar y exhalar aire de buena calidad es fundamental para la vida, y ayuda al ser humano a ser más productivo, a oxigenarse mejor, y ser más feliz. Por ello se debe exigir el derecho a respirar aire de calidad.

Sin embargo, pareciera que hay un olvido por parte del Gobierno en lo que se refiere a la calidad del aire, pues la legislación todavía no se actualiza; además, hay una responsabilidad por parte de la industria, que ha sacrificado la calidad de vida de los usuarios en favor de supuestos ahorros, propiciando una mala planificación de ciudades, que necesitan tomar acción en contra de la contaminación de manera urgente.

Según el Banco Mundial*, 800 personas mueren cada hora en el planeta por la mala calidad del aire, y los costos de la contaminación atmosférica ascienden a 5 trillones de dólares al año.

Se está pagando un precio muy alto por la negligencia en el manejo integral del aire, y se está matando lentamente a quienes interactúan con espacios mal planificados, en los que no se considera la importancia de un sistema de aire acondicionado que filtre, purifique y renueve el aire.

Las construcciones son como seres vivientes, y es necesario proporcionarles sistemas respiratorios y de ventilación eficientes.

También el sector tiene la responsabilidad de planificar, construir, operar, y mantener edificios que respeten el derecho humano a respirar aire de buena calidad. Asimismo, los propietarios y gestores de edificios deben tener muy en cuenta la filtración de aire como una estrategia de sostenibilidad, debido a los considerables ahorros energéticos y de mantenimiento en la climatización.

En imprescindible mantenerse a la vanguardia para atacar este problema, creando comunidades y edificaciones que transformen positivamente la vida de las personas. ¿Por qué no aprovechar las nuevas tecnologías y las grandes innovaciones de la industria para crear verdaderos oasis de calidad de aire?

Frente a la emergencia climática que el mundo está enfrentando, la construcción sostenible ya no es opcional, y menos en una ciudad como esta que, junto con Santiago de Chile, Lima, La Paz, Buenos Aires, y São Paulo, forma parte del grupo de América Latina y el Caribe que no ha cumplido los estándares de calidad de aire de la Organización Mundial de la Salud.

Cambiar es posible, aun en edificaciones ya existentes. No hay excusas para la inacción.

Un caso muy claro es la casa matriz del Nacional Monte de Piedad, en pleno centro de Ciudad de México. Como edificio histórico, ha implementado estrategias de mejora para transformar la vida de sus usuarios, que incluyen una transformación completa del sistema de ventilación para brindar una buena calidad del aire, además de ahorros energéticos mediante la instalación de equipos eficientes, gestión de materiales y residuos, entre otros.

En búsqueda de la certificación LEED ORO v4, el edificio es, además de majestuoso en su construcción, un ejemplo actual de mejoría en calidad de aire acondicionado, y una isla de aire limpio en medio de un caótico centro urbano, para los miles de personas que visitan sus instalaciones diariamente.

A esto se debe aspirar. A contar cada vez con más lugares y espacios que permitan tomar, literalmente, un respiro. Las personas tienen derecho a trabajar, habitar y convivir en espacios que filtren las letales partículas pesadas externas, purifiquen y renueven el aire interior, y ofrezcan la oportunidad de vivir de manera saludable y plena.

*El derecho al aire limpio, de Leo Heileman, disponible en unenvironment.org,
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Alicia Silva Villanueva
Maestra en Administración de Empresas Socioambientales por la Universidad del Medio Ambiente, y arquitecta por la Universidad de las Américas de Puebla. Además, es fundadora de Revitaliza Consultores y, actualmente, su directora.
@aliciagsilva

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