Medioambiente Ser verde

Un futuro sin emisiones

Los HFC causan graves daños a la salud de las personas y al planeta, motivo por el cual cientos de naciones firmaron un acuerdo para unir esfuerzos en busca de eliminar progresivamente el uso de las llamadas SAO, entre ellos México, un país que ha logrado reducirlos en 98.5 por ciento

Danahé San Juan / Fotografías: Rubén Darío Betancourt

El Acuerdo de Kigali, firmado por cerca de 200 países, tiene su antecedente en el Protocolo de Montreal, cuya implementación implica efectuar los proyectos en cuestión de reduccción de los hidrofluorocarbonos (HFC). Para lograr este cometido existe una serie de calendarios que establece fechas para que cada país cumpla su objetivo de eliminarlas, de acuerdo con sus circunstancias económicas.

Agustín Sánchez, coordinador de la Unidad de Protección a la Capa de Ozono, señala que “México es un país en vías de desarrollo que ha logrado la eliminación del 98.5 por ciento de las SAO, entre las que se encuentran el tetracloruro de carbono utilizado como solvente y agente en ciertos procesos industriales, bromuro de metilo empleado como fumigante, los halones que se utilizan para la prevención de incendios y el famoso clorofluorocarbono (CFC)”. Esta última sustancia fue con la que inició la industria HVAC, detalla Sánchez, debido a que no es tóxica e inclusive se puede ocupar en el sector médico; sin embargo, en la actualidad ninguno de los equipos de aire acondicionado y refrigeración que se comercializan en territorio mexicano contiene CFC. Este es un gran logro, pero aún falta realizar más acciones para conseguir que los objetivos establecidos se cumplan al máximo.

Otra de las sustancias que se están eliminando son los hidroclorofluorocarbonos (HCFC), de las cuales ya se ha suprimido en el país más del 50 por ciento del consumo base de estas sustancias, por lo que únicamente se utiliza en aires acondicionados de ventana, conocidos como minisplits, y que funcionan con el R-22, afirma el coordinador.

Objetivos

  • Impulsar la tercera fase del Plan de Eliminación de los HCFC para lograr la eliminación de las SAO en 2022
  • Promover el campo tecnológico en sectores industriales para desarrollar nuevas tecnologías que apoyen la eliminación de los HCFC
  • Iniciar la eliminación de los HFC con el apoyo de la industria y el sector energético

México y los acuerdos
La ratificación de México en el Acuerdo de París a principios de 2015 es fundamental, ya que con esta acción se marca el inicio de la eliminación de todas las sustancias que tienen un alto potencial de calentamiento global. Con esto se podrán concretar acciones rumbo a la sustitución de tecnologías y eliminación de sustancias HFC.

Respecto al Acuerdo de Kigali, Sánchez precisa que “durante ocho años se tuvieron negociaciones muy difíciles, pues hubo varios países que se oponían fuertemente en parte por las dudas que existían en torno al tema, y por otra parte a causa de las incertidumbres sobre si había alternativas o no en los diferentes sectores para sustituir los HFC”.

El objetivo de la enmienda de Kigali, propuesta a finales de 2016, es reducir 0.5 grados de la temperatura del planeta de aquí al al final del presente siglo. Esta cantidad es muy importante para lograr las metas del Acuerdo de París, recalca Agustín Sánchez, pero México planea lograr aproximadamente una eliminación de 528 mega toneladas de CO2 para 2050. Lo más importante es que se ayudará al planeta y el mundo se ha unido para enfrentar este problema global. El Coordinador comenta que “el mundo no tiene fronteras en cuestiones ambientales y climáticas, de tal forma que lo que se hará en México impactará cada rincón del planeta”.

Aunque esta sustancia se seguirá utilizando sin restricciones hasta 2020, Sánchez señala que hacia el 2022 se medirá el nivel de consumo, para que sobre ese promedio se fije un consumo base, a fin de que en 2024 se establezca un tope máximo. Asimismo, se tiene un margen de maniobra, debido a que el Protocolo de Montreal es flexible para los países en desarrollo, donde se aplica un 65 por ciento del consumo de los HCFC.

México se comprometió a reducir 10 por ciento de su uso en 2029, 30 por ciento en 2035 y 50 por ciento en 2040, para alcanzar el objetivo de llegar al 80 por ciento en la reducción del consumo para 2045. Con este compromiso se busca reducir el consumo y producción de los hidroflorocarbonos que están muy difundidos en sectores de aire acondicionado automotriz, refrigeración doméstica, comercial, industrial, algunos aerosoles y en otras áreas como solventes y en extintores.

Los logros alcanzados hasta la fecha son históricos, destaca Sánchez, pues se consiguió que un número importante de países redujera su uso, de acuerdo con calendarios diferenciados: primero los países desarrollados, quienes a su vez apoyarán a los países en desarrollo para que realicen los proyectos necesarios en la industria, así como en materia de cambios tecnológicos, con el propósito de que se sustituyan las sustancias HFC por otras de menor o nulo potencial de calentamiento global a través del Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal.

Alternativas naturales y sintéticas
Agustín Sánchez puntualiza que existe una amplia gama de alternativas para sustituir las HFC. Por un lado, a través de sustancias sintéticas y de muy bajo índice de calentamiento global, como los hidroflorolefinas (HFO) que son moléculas nuevas con un potencial de calentamiento global de uno a tres. Por otro lado, por medio de refrigerantes naturales, como el isobutano y el propano que se utilizan en ciertas aplicaciones de refrigeración.

Lo cierto es que cada sustancia tendrá un nicho específico según el sector en el que se encuentre. En algunos habrá mezclas como el HFC con el HFO, indica, en las que en el primero reduce el índice de calentamiento global y el segundo, a pesar de ser muy costoso, puede resultar económico si se emplea en pequeñas cantidades; por tanto, se logra una mezcla de economía y eficiencia.

Hay otros sectores en los que si se tiene el diseño correcto de los equipos de refrigeración, no hay problema alguno para utilizar una sustancia natural, estima, ya sea un isobutano para refrigeración doméstica o un propano en refrigeración comercial.

En cuanto a refrigeración comercial en supermercados o tiendas de conveniencia, las alternativas serán diseñadas exclusivamente para esos sectores, pues se debe tener cuidado en la utilización de sustancias peligrosas para el público, recalca; además de que las cargas tienen que ser de muy alta eficiencia energética.

La eficiencia energética en un equipo de refrigeración doméstica o comercial es otro punto contemplado en el Acuerdo de Kigali. Generalmente, los refrigeradores que se compran para el hogar o un comercio se instalan y nunca se vuelven a desconectar, de tal manera que el mayor gasto de estos equipos no se encuentra en la fuga de refrigerantes, aclara Agustín Sánchez, sino en el consumo de energía. Aunado a esto, la vida útil de estos productos suele extenderse más de lo necesario. Estas premisas evidencian que se requiere de equipos nuevos que sean más eficientes, sin importar su tipo: aire acondicionado, refrigeración, racks, entre otros, pues todos deben de buscar una mayor eficiencia energética.

Otra de las estrategias que México implementará para lograr sus objetivos de reducción de las SAO es el Plan Nacional de Eliminación de HCFC, con el que se ha desterrado el uso de las Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono en espumas de poliuretano, refrigeración doméstica y comercial, así como en aerosoles, de los cuales ninguno que esté a la venta en México daña la capa de ozono. Aunado a esto, se implementa un programa de capacitación a técnicos para que eviten el uso de los HCFC y que se recuperen los que se fuguen; sin embargo, se tiene que continuar para eliminar del todo el sector de servicios para estas sustancias a través de las capacitaciones sobre recuperación y reciclado, destrucción de gases, sustitución de equipos, mejoras en las normas de eficiencia energética, entre otros temas.

Un futuro ecoamigable
El coordinador Agustín Sánchez cuenta que en México se utiliza una cantidad estimada de 25 mil toneladas de HFC. Esto, en términos de calentamiento global, representa 37.8 megatoneladas de CO2 equivalente, y continuará creciendo por la sustitución de los HCFC. Lo más importante a considerar para darle una solución al problema es la capacitación a los técnicos, pues ellos tendrán que saber utilizar los refrigerantes naturales, tanto por el costo que representan como por la necesidad de reducir las fugas a la atmosfera, en beneficio del público y el sector de la refrigeración.

Asimismo, hay que actuar en tres dimensiones: cambio tecnológico, eficiencia energética y normas aplicables a temas de seguridad y eficiencia energética, tanto en las plantas donde se llenen los equipos con el gas como en el manejo y mantenimiento de los mismos, propone Sánchez.

Actualmente, existen 11 centros de capacitación en colaboración con la Semarnat, desde Ensenada hasta Mérida, pasando por la Ciudad de México y ciudades como Guadalajara, Monterrey, León, Mazatlán, Guaymas, Oaxaca, detalla Agustín, “ya que la Semarnat busca abarcar todo el mapa y, particularmente, donde más servicios y técnicos haya disponibles”.

Estas capacitaciones en buenas prácticas del manejo de refrigerantes, de mantenimientos de equipos, entre otros temas, se han dado en diferentes etapas. “La primera etapa, con la eliminación de los CFC, capacitó a cerca de ocho mil técnicos. La segunda fase ha abarcado dos mil técnicos; y todo indica que habrá una tercera fase. Ello ha permitido destruir 113 toneladas de estas Sustancias Agotadoras de la Capa de Ozono”, especifica.

El coordinador cuenta que “la destrucción se llevó a cabo con dos tecnologías: arco de plasma y en un horno de cemento, donde se aplica una cantidad de calor para disociar la molécula y reintegrarla al klinker. En caso del arco de plasma se lavan los gases resultantes y queda una sustancia inerte que se puede manejar con forme a las normas de la Semarnat”.

Los impactos en la eliminación de todas las sustancias mencionadas anteriormente están teniendo su efecto en la alta atmósfera, en las concentraciones de ozono en la Antártida y la Antártica; en ese sentido, se está logrando la tarea de hacer que la capa de ozono se recupere. Los HFC no serán eliminados por completo, menciona Agustín, ya que no hay alternativas para absolutamente todas las aplicaciones. Entonces, se tendrán cantidades reducidas de estas sustancias, para que conforme al calendario se alcance el objetivo de reducir 0.5 grados la temperatura global para el 2100, en pro de un futuro más amigable con el medioambiente.

Los protocolos y la climatización
Para afrontar las medidas que se están estableciendo con ambos protocolos, Agustín Sánchez señala que “la industria HVAC tendrá que desarrollar tecnologías más sofisticadas y eficientes, algo que ya se está haciendo. La exigencia de los equipos será mucho mayor, pero esto traerá como consecuencia mejores equipos para beneficio de las personas, los negocios, comercios y la industria, porque en lugar de pagar más por energía eléctrica se podrá tener una mejor inversión en capital más productivo. Los gobiernos tendrán más ahorros, debido a que al generar menos electricidad, el subsidio será menor”.

Estos resultados, concluye el coordinador, serán como un gran círculo virtuoso para la comunidad industrial que desarrolla las tecnologías de la climatización y refrigeración; mientras que para los gobiernos la preocupación será promover el capital productivo, más no el gasto energético.

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