Adaptación de los sistemas de tuberías al movimiento sísmico. A 30 años del terremoto

El 19 de septiembre pasado se conmemoró el 30 aniversario del sismo que devastó la Ciudad de México. El terremoto de 1985 de 8.1 grados en la escala de Richter dejó un saldo de 7 mil pérdidas humanas, 30 mil estructuras destruidas en su totalidad y 68 mil con daño parcial, según cifras oficiales.

Las fuerzas producidas sobrepasaron la capacidad de resistencia de los materiales de las construcciones, ocasionando daños en elementos estructurales y no estructurales. Desde entonces, la construcción de edificios y viviendas ha seguido evolucionando para soportar los movimientos repetidos y en todas direcciones que suceden durante los sismos, y así prevenir que se vuelvan a presentar pérdidas humanas y daños materiales de tal magnitud.

Las fuerzas a las que es sometida la estructura de un edificio dependen de su masa y de su altura; mientras más peso tenga en la parte superior, mayor será la fuerza sísmica que se genere sobre la construcción. En los edificios de una ciudad tan propensa a los sismos como la Ciudad de México, además de los elementos estructurales, las tuberías de los sistemas de protección contraincendios, climatización, construcción industrial y de agua están expuestas a fuerzas y desviaciones. Cuando las tuberías no son capaces de adaptar estos movimientos, pueden provocar daño extenso a dichos sistemas, incrementando el riesgo en los elementos estructurales.

El método de unión mecánica de tuberías brinda rasgos de diseño útiles para acomodar las fuerzas sísmicas cuando se trata de sistemas de tuberías regulados por códigos con soporte sísmico adecuado; sistemas no regulados con poco o sin soporte sísmico; conexiones sísmicas articuladas entre secciones con movimiento independiente, y sistemas bajo tierra. La unión mecánica aísla los sistemas y permite que se muevan de manera independiente, sin ocasionar tensión excesiva a la tubería o a sus componentes, gracias a cuatro elementos: tubería ranurada, empaque que crea un sello a prueba de fugas, carcasas del cople que sujetan el tubo y tuercas y pernos que sujetan el cople.

Más de 95 por ciento de las uniones mecánicas son típicamente coples para tuberías ranuradas de tipo rígido para reducir al mínimo el movimiento general. En las uniones restantes, lo recomendable es usar articulaciones oscilatorias sísmicas, capaces de brindar movimiento simultáneo en todas direcciones. Éstas se componen de coples flexibles, niples y codos, que permiten el movimiento lineal, angular y rotacional en áreas específicas, según sea necesario.

La confiabilidad de estos sistemas durante movimientos sísmicos se ha demostrado mediante pruebas realizadas por la Red para Simulaciones de Ingeniería Sísmica (NEES, por sus siglas en inglés), en donde los componentes han sido expuestos a aceleraciones hasta 50 por ciento mayores que las del terremoto de Northridge, California, en 1994, cuya aceleración terrestre fue la mayor que se ha registrado hasta el momento en un área urbana en EUA.

Si bien no es posible evitar las fuerzas de la naturaleza, la innovación y el desarrollo tecnológico han permitido seguir con el progreso de ciudades, como la Ciudad de México, al reducir el riesgo ante la posibilidad de actividad sísmica.

About the author

Carlos Samayoa
Especialista en Marketing y Entrenamiento en Latinoamérica para Victaulic, productor líder mundial de sistemas de unión mecánicos de tuberías. Desde su puesto, apoya el esfuerzo de los equipos de Ventas, Distribución, Mercadotecnia y Entrenamiento en Latinoamérica y El Caribe. Coordina la estrategia de mercadotecnia con las oficinas en la Ciudad de México y Sao Paulo. Trabaja con un equipo de 30 ejecutivos de Ventas y Marketing en toda la región latinoamericana.

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