Medioambiente Ser verde

Cálculo y reducción de la huella de carbono

La huella de carbono es la cantidad total de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero durante el ciclo completo de vida de un producto o servicio. Su cálculo es útil para hacer metas de reducciones.

Un 75% de las emisiones antropógenas de CO2 proviene de la quema de combustibles fósiles, sobre todo para la producción de energía y para el transporte.

La huella de carbono es la cantidad total de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero durante el ciclo completo de vida de un producto o servicio. Su cálculo es útil para hacer metas de reducciones.

Cada uno de nosotros tiene una huella de carbón (más allá de nuestras actividades empresariales), y esto es una manera relativa de medir el impacto de nuestras acciones (comer, trabajar, transportarse, jugar, entre otras), en términos de cómo contribuimos al cambio climático. Esta medición se realiza en libras, kilogramos o toneladas y es cada vez más popular como herramienta para contextualizar el calentamiento global en nuevas rutinas y vidas.

La huella de carbón puede calcularse de dos maneras; a través del análisis de ciclo de vida (más exacto y específico), o puede restringirse a las emisiones inmediatamente atribuibles del uso de energía fósil (generalmente empleada).

Como ejemplo se puede utilizar la huella de carbono de un automóvil: el primer método incluiría un conteo de todas las emisiones requeridas para construir el vehículo (incluyendo todo el metal, plástico, vidrio y demás materiales), conducir el auto y su disposición final; en el segundo caso sólo se contabilizaría la cantidad de energéticos fósiles utilizados en su construcción, al conducirlo y en su disposición final.

Existen otras modalidades de cálculo, pero dependen del uso y enfoque que se les va a dar. En el tipo de arriba a abajo, se calcula la huella de carbono per cápita, considerando las emisiones totales de un país (u otro grupo de alto nivel, organización, etc.) y al dividir esas emisiones entre los residentes o grupo aplicable. Los cálculos de abajo a arriba, como el ejemplo del automóvil anterior, suman las emisiones de carbono atribuibles a acciones individuales.

Reduciendo la huella de carbón
Al aumentar nuestra eficiencia energética, reducimos nuestro gasto de energía y al cambiar algunos hábitos (como comer menos carne o alimentos locales, usar menos transporte, viajar menos en avión). Algunos de ellos son fácilmente realizables y reducen nuestro impacto ambiental significativamente.

Luego de incrementar la eficiencia y reducir uso, las compensaciones de carbono también son populares como ayuda para mitigar nuestras huellas de carbono, sea a través de los llamados bonos de carbono, o realizando otras actividades como la planta de árboles, por ejemplo.

Además es posible que poco a poco en los productos que utilizamos día con día, comencemos a tener más información de la huella de carbono en el uso diario. En algunos países incluso es una tendencia poner etiquetas a los artículos para conocer la cadena de valor para todo tipo de cosas.

Reflexión climática
Escribe José Gerardo Guarisma Álvarez, notable rector y educador venezolano: El planeta pide que seamos más pertinentes con la energía que utilizamos, con el tipo y calidad de comida que ingerimos, con el lenguaje que utilizamos a diario, con la forma como conducimos nuestros vehículos, con el tipo de pensamiento que nos procuramos.

Se trata de un examen de cordura y conducta adecuada el que debemos realizar personal y colectivamente para hacer lograr que año con año comencemos a sumar logros cambiando de estilo de vida y forma de pensar. Y ese cambio es necesario. Si lo diferimos, los problemas que lo hacen inaplazable aumentarán.

Comencemos por la evaluación climática.
Ciertamente podíamos tener nevadas o una ola de calor, pero no la asociábamos que podría ser como consecuencia de un impacto ambiental catalizado por nosotros. Sabemos que la madre naturaleza genera sus cambios gradualmente, que ha tardado 4 mil 500 millones de años para presentarnos una oportunidad ambiental para vivir en su superficie.

En medio de ese tiempo, ha creado continentes a partir de volcanes y hendiduras en el fondo marino, ha perfeccionado el equilibrio del ciclo hidrológico que ha conferido estabilidad a mares, ríos y lagos. Ha generado una atmósfera con una válvula de oxígeno gradualizada, justamente ubicada en la humana proporción que nos ha convertido en la especie dominante, sin la prosperidad de los grandes depredadores de antaño que nos hubiesen aniquilado.

Pero en este momento, cuando hemos triplicado la población de la tierra en 65 años, los problemas de nuestro crecimiento y éxito, nos confieren una responsabilidad mayor a la hora de valorar lo adecuada de nuestra acción conjunta sobre el clima.

A pesar de haber triplicado la población en poco más de medio siglo, no hemos hecho los ajustes requeridos en nuestro alto volumen de consumo de energía. Hemos generado como civilización una exacerbada dependencia de los combustibles fósiles, de la hidroelectricidad, del carbón, del gas natural, del papel, de toda industria que requiera un gran potencial energético para funcionar.

Vivimos obsesionados por la “potencia” que podamos desarrollar en nuestras vidas. Es decir, el mayor gasto de energía en el menor tiempo posible. Creemos, falsamente, que ello está relacionado con la “calidad de vida” que tenemos. Mientras más gastamos energía y a mayor rapidez, nos da la impresión que vivimos mejor. Y todo nos parece que está bien. Pero justamente, el exceso más allá del bienestar, se traduce en daños terribles al entorno natural en el que vivimos que tarda mucho la naturaleza en recuperar. Ella nos indica que debemos revisar seriamente ese comportamiento, si queremos mantener “la oportunidad humana” en el planeta.

Por ello es necesario entender que podemos disminuir nuestro consumo de energía eléctrica estemos de acuerdo o no con las restricciones en su horario de suministro. Que es importante aminorar el consumo de energía y redimensionarlo a nuestras necesidades. Allí radicará la acción inteligente del ciudadano que quiere a su país.

EMISIÓN DE CO2 POR PERSONA

País

Año

CO2e Mt

/

Pop M

=

CO2e t/persona

Australia

2000

535.30

/

19.44

=

27.54

Canadá

2004

740.00

/

31.56

=

23.45

China

1994

3650.00

/

1198.50

=

3.05

Federación Rusa

1999

1880.00

/

145.60

=

12.91

India

2001

1228.54

/

914.00

=

1.34

Irán

1994

417.01

/

57.67

=

7.23

Israel

1996

62.71

/

5.69

=

11.02

Japón

2002

1224.98

/

126.93

=

9.65

Malaysia

1994

76

/

20.1

=

3.78

México

2000

686.10

/

97.48

=

7.04

Micronesia

1997

0

/

0.106

=

0.0

Mongolia

1998

15.6

/

2.42

=

6.45

Nueva Zelanda

1999

54.70

/

3.79

=

14.43

Países Bajos

1999

174.10

/

15.80

=

11.02

Singapur

1994

26.80

/

3.20

=

8.38

Sudáfrica

1994

379.84

/

40.60

=

9.36

Corea del Sur

1995

391.7

/

45.09

=

8.69

Suiza

2003

70.6

/

8.98

=

7.86

Tailandia

1994

286.37

/

62.00

=

4.62

Reino Unido

2006

656.00

/

59.60

=

11.01

EE.UU.

2002

6746.00

/

280.00

=

24.09

Unión Europea

1999

4030.00

/

375.30

=

10.74

Zimbabwe

1994

0.00

/

10.64

=

0.0

Fuente: México ante el cambio climático, Greenpeace, 2010.

El proceso de formación del petróleo fue un factor que permitió fijar CO2 en el subsuelo y reducir su concentración en la atmósfera

Larga vida al CO2

El ser humano impacta poderosamente en el medio. La actividad humana emite a la atmósfera más de 26 mil millones de toneladas anuales de CO2, el gas de efecto invernadero (GEI) más importante. Este gas permanece en la atmósfera alrededor de un siglo antes de ser absorbido por los océanos y por los ecosistemas terrestres.

Dada la larga vida atmosférica de este gas y el aumento de las emisiones de CO2 derivadas de la actividad humana, se ha producido un incremento de su concentración en la atmósfera: la tasa actual de aumento de concentración es de entre una y dos partes por millón (ppm) al año. La concentración atmosférica preindustrial del gas de entre 250 y 280 ppm ha aumentado hasta más de 380 ppm, una cifra superior a cualquier otra época de los últimos 650 mil años (EPICA, 2004). Investigaciones recientes concluyen que la concentración actual supera, incluso, la de los últimos 800 mil años (Luthi, 2008).

El CO2 es el GEI de origen antropogénico más importante –en el 2004 representaba un 77 por ciento de las emisiones totales de GEI por los seres humanos (IPCC, 2007)– y se deriva, principalmente, de la quema de combustibles fósiles (para la producción de energía y el transporte) y de  la deforestación.

El aumento de la concentración del CO2 en la atmósfera (que ha ascendido alrededor de un 30%) se ha producido en los dos últimos siglos. Un 75% de las emisiones antropógenas de CO2 proviene de la quema de combustibles fósiles, sobre todo para la producción de energía y para el transporte (el resto se debe principalmente a la deforestación).

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