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Combatiendo al Ejército Invisible

La eterna batalla contra las infecciones y bacterias es constante incluso en ambientes tan asépticos como los hospitales, en donde un mal manejo de la calidad ambiental puede provocar la aparición de enfermedades que complican la recuperación de los pacientes.

La eterna batalla contra las infecciones y bacterias es constante incluso en ambientes tan asépticos como los hospitales, en donde un mal manejo de la calidad ambiental puede provocar la aparición de enfermedades que complican la recuperación de los pacientes.

Constituyen la forma de vida más temprana que apareció en la Tierra. Diminutas y con tan sólo una célula se han perpetuado a través de la historia para convertirse en la principal amenaza de la vida del hombre. Ellas son las bacterias, microorganismos capaces de vivir tanto por encima del punto de ebullición como a temperaturas sumamente frías. Se encuentran por todas partes, desde los suelos y el agua, hasta el aire y la misma piel.

Ni siquiera un recinto estéril, como un quirófano, representa un entorno libre de ellas. Su capacidad de filtrase en lugares inimaginables ha provocado la contaminación total del ambiente urbano y ha incrementando las preocupaciones relacionadas con la calidad del aire interior.

Las cifras son alarmantes. La Agencia de Protección Ambiental, EPA, de los Estados Unidos señala que el aire en interiores puede estar de dos a cinco veces más contaminado que el aire exterior. Cifra que no excluye a los hospitales.

“En los hospitales no sólo se convive con personas, sino también con los microorganismos de las enfermedades, éstos en cualquier momento pueden entrar en contacto con los medicamentos”.

Combaten al enemigo invisible
La Calidad Ambiental Interior, IEQ, es uno de los factores esenciales para el desarrollo de la vida del hombre. Esta constituye una condición medioambiental para garantizar la salud, bienestar y confort de los ocupantes o usuarios habituales de un área.

Garantizar la IEQ es posible a través del control de elementos como la comodidad, el ruido, la iluminación, los estresores ergonómicos (tareas y estaciones de trabajo mal diseñadas) y estresores sicosociales relacionados con el trabajo. Su descuido es capaz de generar dolores de cabeza, fatiga, varios grados de picor o quemazón en los ojos, irritación en la piel, congestión nasal, gargantas secas e irritadas, además de náuseas.

La importancia de este factor radica en que el hombre moderno pasa la mayor parte de tiempo en ambientes interiores, por lo que se requiere de su calidad para llevar a cabo el desarrollo efectivo de cualquier actividad.

Los hospitales no están exentos de estas condiciones. Fernando Bonilla González, gerente de ingeniería ambiental de Premier Mfg Supp & Serv, señala que al igual que en cualquier trabajo, “los doctores, las enfermeras, el personal de limpieza y el personal administrativo que labora en el sector salud, no sólo necesita tener un ambiente agradable, relajado, ventilado y climatizado, sino también seguro, porque en el hospital están conviviendo todas las enfermedades y riesgos a la salud”.

La IEQ en los hospitales es un factor indispensable no sólo para el personal sino también para los pacientes, debido a que “el común denominador entre ellos es la inmunodepresión, trastorno ocasionado debido a que el sistema inmunológico de una persona que enferma se compromete con el factor que ha ocasionado la alteración a su salud”.

La depresión es justamente uno de los factores que intervienen de manera directa en el tiempo de recuperación de un enfermo. Por esta razón, el medio ambiente de un hospital se ha convertido en parte de la terapéutica de un paciente.

El también ingeniero geólogo agrega que en el plano de la atención a la salud existen pacientes que requieren de condiciones especiales. Un paciente con quemaduras necesita que el nivel de humedad en su cuarto sea mucho más alto de lo que es en el resto del hospital para que su piel no pierda más humedad. Pero un paciente enfermo del corazón, no requiere de ésta, ya que la humedad provoca sensación de sofoco al respirar.

No vigilar la IEQ no sólo puede incrementa el tiempo de estancia de un enfermo en hospital sino que también puede propagar enfermedades.

Las áreas de evaluación médica, por ejemplo, constituyen las zonas a las que llega cualquier paciente en primera instancia, desde los que presentan un cuadro gripal hasta los que se encuentran infectados con el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida, VIH. Situación que requiere de una vigilancia extrema ya que algunas enfermedades tienen la capacidad de propagarse con el mínimo contacto.

Sin duda, el riesgo a la salud en estas áreas hace necesarias las condiciones adecuadas para evitar cualquiera de estas posibilidades.

“Los doctores, las enfermeras, el personal de limpieza y el personal administrativo que labora en el sector salud, no sólo necesita tener un ambiente agradable, relajado, ventilado y climatizado, sino también seguro, porque en el hospital están conviviendo todas las enfermedades y riesgos a la salud”.

El riesgo latente
El aire acondicionado es una de las herramientas más utilizadas para purificar el aire. Los avances tecnológicos han hecho posible que a través de ellos se pueda limpiar de algunos materiales contaminantes que se encuentran en el ambiente.

Pero el costo de su mantenimiento es uno de los principales problemas a los que se ha enfrentado no sólo el sector salud sino también algunos otros rubros de la vida laboral del hombre. Esta situación ha conducido a una mala operación, misma que puede ocasionar incluso la muerte.

El ingeniero Bonilla González, apunta que en los hospitales no sólo se convive con personas, sino también con los microorganismos de las enfermedades, éstos en cualquier momento pueden entrar en contacto con los medicamentos, “una situación muy peligrosa ya que los microorganismos tienen la capacidad de reproducirse con mucha velocidad en un área en la que están en contacto con los medicamentos, lo que les permite desarrollar resistencias contra ellos”.

Lo delicado del tema radica en que también se producen “mutaciones de microorganismos”, es decir, surgen especies que combinan padecimientos a través de la mezcla de virus distintos. Estos son los responsables de las enfermedades “nosocomiales”, llamadas así porque son adquiridas dentro de un hospital muchas veces por un mal tratamiento del paciente desde el punto de vista ambiental.

La característica de esas enfermedades es que son muy difíciles de erradicar, debido a su alta resistencia a los antibióticos.

Para entender el tema es necesario distinguir dos tipos de pacientes: el infectocontagioso, que es el enfermo que representa un riesgo para la comunidad y debe de tener un tratamiento aislado, evitando que el aire que respira se mezcle con el resto del aire de ambiente hospitalario, y el inmunodeprimido, enfermo que está en riesgo por la comunidad del hospital, su aislamiento debe evitar que el aire que se genera en el recinto entre a su área.

Así el ambiente de un hospital controlado es indispensable para lograr la recuperación del enfermo con calidad. Mantener un rango de temperatura y humedad que vaya de acuerdo a las distintas áreas de un hospital es esencial.

El aire acondicionado es una de las herramientas más utilizadas para purificar el aire. Los avances tecnológicos han hecho posible que a través de ellos se pueda limpiar de algunos materiales contaminantes que se encuentran en el ambiente.

En México también hace “aire”
El ingeniero Bonilla González refiere que en el país la normatividad mexicana del sector salud carece de especificaciones que garanticen la atención médica con calidad, por lo que “el estudio de las condiciones ambientales que requieren los hospitales de las diferentes zonas del país es urgente”.

Un hospital en Ciudad Juárez o Nuevo Laredo, donde el verano es muy caliente y el invierno es muy frío, el aire exterior no es una solución por su alto costo, “para poder enfriar el aire se invierte una gran cantidad de energía, que además debe ser humedecido y después filtrado para poder ser ingresado al quirófano de manera óptima, pero cuando se saca el aire del quirófano éste es tirado al ambiente y toda la energía invertida se desperdicia en instantes”.

Una opción retribuible en estos casos, es tomar ese aire, limpiarlo y volverlo a meter en el equipo, para que después sea mezclado con aire nuevo y vuelva a ser utilizado. Este proceso garantiza la inversión de menos energía porque el aire “ya no esta tan contaminado”.

Sin duda, la “inexistencia de normas que garanticen que este proceso es efectivo es muy peligroso, ya que lamentablemente en el ámbito de la salud hay mucha gente que no es exactamente cuidadosa de los procesos y que seguramente buscará ciertas formas de economía que a la larga causarán más problemas que soluciones”, sentencia Bonilla González.

Esta situación es sumamente delicada ya que un hospital con un aire acondicionado mal operado o mal diseñado constituye un riesgo para la vida.

La falta de información, el gran problema
Uno de las causas de la insuficiencia de la IEQ en los hospitales es la falta de cultura sobre este tema que tienen los doctores, señala el ingeniero Bonilla González. “La falta de conocimientos en estos temas sólo exenta a los médicos que son especialistas en las vías respiratorias, de lo contrario, nunca se esta conciente de lo importante que es el ambiente en la zonas hospitalarias”.

El médico cirujano Rolando Pérez Méndez refiere que los conocimientos sobre el aire acondicionado no están dentro del plan de estudios de la formación educativa en las universidades, sino que se van encontrando al estar trabajando en el área de quirófano, “es justo en ese momento cuando uno se da cuenta de que el aire acondicionado es importante para conservar la temperatura normal dentro del mismo”.

Esta situación ha dado origen ha diversos requisitos y normas de operación, que aunque existentes no son específicas, por lo que en algunas ocasiones para climatizar un quirófano son utilizados equipos que toman el aire y lo recirculan sin limpiar, como es el caso de los minisplits utilizados con frecuencia en clínicas de provincia.

Otra de las opciones utilizadas son los ozonizadores, mecanismos que también son utilizados con frecuencia, pero el ozono tiene riesgos muy grandes, cuando no es usado en las cantidades recomendadas es sumamente tóxico, sin embargo, también es muy buen desinfectante, pero su uso debe ser manejado por un especialista.

Bonilla González afirma que los hospitales públicos son los que tienen el mejor equipamiento de aire acondicionado, pero su operación no es satisfactoria, ya que aunque el proyecto y el diseño sean óptimos, la falta de presupuesto impide que su operación sea de calidad.

“Estos proyectos depende de la limpieza de los equipos de aire acondicionado, es decir,  el reemplazo adecuado de los filtros, de elementos como lámparas de luz ultravioleta, etcétera. Pero el costo de operación, no se ve como eso, sino como un gasto que se trata de evitar sustituyendo los filtros que originalmente eran desechables por unos que pueden durar toda la vida, pero que no son igual de efectivos”.

El recuento de los daños
En Estados Unidos las estadísticas registran el impacto de las infecciones que son adquiridas en los hospitales. Bonilla apunta que del 100 por ciento de pacientes que llegan a un hospital en el país más poderoso del mundo, el 40 por ciento adquiere una infección completamente diferente a la causa por la que ingreso al hospital.

Pero lo más delicado de esta problemática es que del 40 por ciento infectado, 6 por ciento muere o toda su vida vive con las secuelas de esas infecciones.

A causa de esta problemática durante 1992 se gastaron 4 mil millones de dólares por atender las enfermedades adquiridas en el nosocomio, una inversión adicional que a decir del especialista Bonilla González, “no hubiera sido necesaria si el hospital gozará de buenas condiciones asépticas”.

El costo de la salud
Cuando hablamos de hospitales, hablamos de algo muy preciado que es la vida y la calidad de ésta. Un terreno intangible donde el costo debería ser algo secundario, pero en una sociedad globalizada los parámetros económicos son esenciales.

Proveer de los equipos necesarios para garantizar el funcionamiento óptimo de un hospital es más caro que una tienda departamental, refiere el ingeniero Bonilla González.

“Pero este no es tan caro si hablamos de filtración, un filtro es lo que oponemos al paso del aire, es aquello que vamos a utilizar para remover del aire aquello que no queremos que tenga. Al oponer una resistencia al paso del aire vamos a necesitar de fuerza para hacer que el aire atraviese ese filtro, esa fuerza se llama energía y esa energía tiene un costo, conforme el aire va pasando por el filtro va dejando sus impurezas o aquello que deseamos remover, pero lo va tapando, lo va saturando y conforme lo va saturando se va necesitando más fuerza para que el aire siga pasando y eso es más energía, llega un momento en el que ya no conviene en términos económicos seguir utilizando este filtro porque cuesta más dinero utilizarlo sucio de lo que costaría reemplazarlo por otro para consumir menos energía”.

El equipamiento de un hospital hablando de aire acondicionado, normalmente no es ni el 5 por ciento del valor del inmueble en su conjunto. “Hay equipamientos médicos, como un tomógrafo, que tienen una aplicación tan cara como el aire acondicionado, sin embargo, los pacientes que requieren de este tipo de equipamientos no constituyen el 100 por ciento de la población del hospital de internos, en cambio, todos usan el aire acondicionado y todos requieren unas buenas condiciones”.

La sugerencia a nivel mundial es que todo el aire del hospital este filtrado al menos con un 65 por ciento de eficiencia, hasta en área administrativas, debido a que pueden ser focos de infección si un empleado enferma, o si adquiere los del medio.

“Sin duda el costo de operación de las herramientas que ayudaran a garantizar la IEQ, no es un gasto, ya que si se tiene un hospital privado en las tarifas se debe de reflejar ese costo, es decir, ser parte de lo que el paciente pague por estar ahí”.

Permanecer en un lugar interior con un ambiente de calidad no sólo es cuestión de precios sino de salud.
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